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“Liderar reside en la capacidad de llevar a otras personas a un destino al que no llegarían por si solas” - Joel Barker

José Luis Del Campo Villares

Expectativas de los clientes.

Cuando se produce el acto de la compraventa, necesitamos cubrir dos necesidades fundamentales:
-Por un lado mi necesidad de realizar la venta.
-Por otro lado, con la compra quede cubierta las necesidades reales del cliente.
Si las necesidades del cliente no quedan satisfechas, conllevaría bien que nos devuelva la compra o rechace el servicio porque no es lo que el necesitaba, bien que nos diese mala fama como vendedor/comercial, os sea un cliente insatisfecho (peor comercial posible), o bien cualquier otro tipo de decisión o circunstancia que a nosotros nos perjudicase ostensiblemente.
¿Cómo se cuales son las necesidades de un cliente? Pues desarrollando lo que dentro de las “técnicas de venta” se llama la “escucha activa”.
¿En que consiste? Pues sencillamente en saber preguntar y escuchar, y en realidad, solamente con preocuparse de verdad por las necesidades de un cliente prescindiendo por encima de las mías que es vender.
Me centro en el cliente, le pregunto, indago descubro incluso necesidades que el no tenía, para poder concretar tanto la compra y el producto que no le quede más remedio que comprar, eso sí convencido, de que lo que está comprando es lo necesario para él.
Puede darse el caso de que un buen vendedor genere en el cliente una necesidad ficticia, es decir, un ansia por comprar que este no tiene (acordaros del vídeo de la película Crimen Ferpecto que tenéis en este blog). ¿Qué ocurre entonces? ¿Si el cliente no iba a adquirir nada y acaba adquiriendo algo, qué ha ocurrido?
El generar artificialmente esta necesidad en el cliente, lo que ha realmente hecho es generarle una serie de expectativas, unas “imágenes mentales” suyas utilizando ese producto o servicio, que de ocurrir realmente van a conseguir que el cliente, independientemente de que no tuviese la necesidad de adquirir este producto o servicio, una vez adquirido si “ha satisfecho sus expectativas”, hará que no dude de la buena fe del buen vendedor/comercial, sino que en el peor de los casos dirá que “el es un comprador débil, pero que la compra ha sido buena”.
Es decir, no es lo mismo interesarse por las necesidades de cada cliente, ya que éste trae ya unas expectativas creadas sobre lo que quiere adquirir, con lo que el acto de la venta tiene una doble dirección: o es muy sencillo porque sólo comprará eses servicio o producto, o muy complicado porque la argumentación del comercial tendrá que ir acompañada de solventar un gran número de objeciones; que el generar en el cliente una necesidad que no tenía, dado que sino la tiene, el mayor esfuerzo en la venta está en que las expectativas que le ha generado y que se deriven del uso de ese producto sean las que el ha expuesto, para que no dude de la buena fe del comercial/vendedor.
Ocurre muchas veces que el cliente adquiere un servicio o producto sabiendo que no es el mejor, pero que las expectativas que le genera son las que el quiere, sus necesidades subjetivas quedan completamente cubiertas (de hay que se hable constantemente de la psicología de las ventas). Una argumentación del vendedor, con una preocupación por las necesidades reales del cliente puede que cambie la compra del cliente pero tendrá que llevar unido un cambio de expectativas (subjetivas del cliente).
Pongamos un ejemplo:
“Si yo soy vendedor de televisores y viene un cliente solicitando el comprar un televisor de tubo (hasta hace poco los mejores) de una marca reconocida. Podré preguntar al cliente el porque de ese producto y el porque de la marca escogida. Si el cliente me argumenta y sus necesidades son adecuadas tendré dos opciones, aceptarlas y proceder a vender el producto solicitado, o bien plantearme la “contrargumentación” encaminada a la destrucción de sus expectativas, generarle una necesidad nueva y darle otra expectativas del nuevo producto. Es decir, le indicaría que los televisores de tubo tienden a desaparecer, con lo que las dificultades en recambios y piezas en caso de avería serían más costosas,…. (destrucción de expectativas) (probablemente no destruiría las expectativas de la marca). Le enseñaría un nuevo producto y sus ventajas por ejemplo un televisor LCD., generándole una nueva necesidad. Cuando asuma que realmente le conviene, le genero unas expectativas que una vez adquirido el producto se que va a poder comprobar”.
¿Habré engañado al cliente? No. Lo habré reconducido pero en todo momento siendo este consciente de lo que deseaba y lo que ha adquirido y de como han cambiado las expectativas con respecto a lo que quería compra y lo que ha adquirido finalmente.
Os dejo un fragmento de la películas “Rocky Balboa”, en la que podéis observar como os clientes van a recibir un servicio y ya saben lo que van a tener, y por eso vuelven. Sus expectativas quedan cubiertas aunque resulten a veces demasiado pesadas.


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La importancia de la comunicación

En este post, no quiero profundizar mucho en la problemática de la comunicación tanto interna como externa a una organización, como en su dirección (horizontal o vertical) o incluso forma (formal o informal).
Lo que quiero solamente es resaltar la importancia de la comunicación como vehículo de transmisión de mensajes entre dos individuos cualesquiera que sea su relación.
Platón ya lo dijo una vez: “El sabio habla porque tiene que decir algo; el tonto habla porque tiene algo que decir”.
Se suele decir que de una relación comunicativa, hay dos tipos de comunicación la verbal (o que se deriva de la comunicación oral) y la no verbal (gestos, tonos, posturas, es decir todo aquello que se puede percibir por los instintos distintos del oido).
Increiblemente, en una comunicación un 20% tiene importancia el mensaje oral (porque desde que el emisor lo emite hasta que lo recibo, lo descifro, lo analizo y lo asimilo, existe una pérdida de información), que tras sea amnalizado, suele quedarse el inerlocutor con 35% de la información inicial del mensaje. Es decir, un 7% del mensaje lo recibo oralmente.
El 80% restante, imágenes del interlocutor, estos, posturas, tonos, expresiones corporales, agrupan el 80% restante de la relevancia del mensaje. Un tono, un gesto, que se pueda ver a un interlocutor, puede perfectamente contradecir lo que vrbalmente está comunicando. De ahí que la parte no verbal, tenga muchísima importancia. Al igual que en la comunicación verbal, existe muchísima pérdida de información, pero en este caso, porque el interlocutor no puede asimilar tanta información en tan poco tiempo. No obstante, se considera que aprovecha en torno al 50% de los mensajes que recibe.
Por lo tanto, podemos decir, que en cualquier comunicación entre personas, existe una pérdida enorme de información (en otro al 53% del mensaje). Y de la información asimilada, el mayor % corresponde a la comunicación no verbal.
De ahí que haya que darle extraordinaria importancia a las formas de comunicarse a parte de saber transmitir perfectamente el mensaje oralmente.
Os voy a dejar un vídeo que he visto en el blog Pensar, sentir y actuar y en el que se ilustra de un modo muy simpático la importancia o relevancia d ela comunicación no verbal.


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Técnicas de Venta: AIDA

Mucho se ha escrito y se escribirá sobre la forma de vender, comercializar, negociar o de cerrar oportunidades de venta.
Para el caso que nos ocupa en el presente post, no vamos a ponernos a resumir todas las teorías, variantes y similares. Simplemente vamos a hacer hincapié en lo que muchos estudiosos en la psicología de las ventas has dado en llamar el sistema AIDA.
Un comercial o vendedor, empieza por despertar la atención del potencial cliente, mediante una buena presentación de el mismo, de su empresa o de su producto (o de un mix). Capta la atención, es decir, tiene al potencial cliente en posición receptiva.
Posteriormente, ya que he captado su atención, busco despertar en él el interés por la compra, principalmente mediante una buena argumentación, ejemplarización y en definitiva mediante saber hablar, escuchar y transmitir.
Ya se que está interesado en mi producto, tengo que empezar a encauzarlo hacia el cierre y que se decida a comprar. Tiene que desear comprar el producto porque sabe que lo va a necesitar. Lo tengo que poner en la disyuntiva de lo que gana de comprarlo y lo que podría de perder en caso contrario. Genero el deseo de comprarlo.
Finalmente, aclaro dudas, resuelvo objeciones y consigo la acción deseada y cierro la venta.
Esta secuencia de situaciones psicológicas, es lo que se llama AIDA.
El comercial por norma general es bueno en alguna de estas fases, pero de ser bueno en todas, estaría rozando el perfil de comercial ideal. El proceso de compra/venta, se prolongará en función de la tipología del cliente, pero lo que debe de saber en cada momento el comercial cuales son sus puntos fuertes dentro del ciclo AIDA y explotarlos al máximo.
En este post no entraremos en detallar lo que hay que hacer en cada fase. Simplemente se ha expuesto lo que un puesto comercial debe de realizar en cada potencial acción de venta.
¿Se podría vender algo, es decir, que el cliente haga la acción de comprar sin haberle creado un interés por ello y generarle el deseo de comprarlo? Malamante.
Y por lo contrario, ¿como voy a resolver las objeciones del cliente para que acabe comprando sino he conseguido saber reclamar su atención e interés?
En el siguiente vídeo, probablemente uno de los más duros que he visto dentro del mundo de las ventas, podéis observar la importancia del sistema AIDA en el mundo comercial actual.


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Película “Glengarry Glen Rose”


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