La ‘envidia’ y el ‘management’: ¿Y por qué a mi no…?
Desde que el mundo es mundo, la envidia ha sido uno de lo peores pecados capitales, no sólo por lo que ella representa sino por las consecuencias y actuaciones que van aparejadas a quien padece esta ‘llamémosle enfermedad’ (aunque realmente no es tal).
Cuando este sentimiento se da dentro de una organización, no digamos ya la complejidad de las relaciones interpersonales que se pueden dar.
Nunca he sido de los que dicen, y por lo tanto de los que tampoco entienden, aquello de que se puede tener ‘envidia sana’ y ‘envidia malsana’. Digo yo que es algo que no admite término medio, o se tiene envidia o no se tiene. Lo que si puede haber son diferentes formas de aceptarla por los miembros de las organizaciones.
Dentro de una organización hay que tener en cuenta que muchas veces se confunden los términos y es algo que hasta ahora el management no ha atacado en profundidad.
Por ejemplo, una persona prospera dentro de la organización sin haber realizado méritos suficientes para ello, mientras que otra, que si los a hecho no tiene reconocimiento. ¿Tendrá envidia? ¿Tendrá despecho? O sencillamente ¿tendrá una sensación desmotivadora de falta de reconocimiento?
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¿Suerte o justicia?
Hoy voy a intentar enlazar dos aspectos de las relaciones humanas desde la optica personal y la de ser miembro de las organizaciones. Para ello me ha inspirado de nuevo mi amiga Begona tras una conversación virtual muy enriquecedora que hemos tenido el fin de semana. Y para poneros en situación voy a relataros una pequeña historia.
Allá por primeros de los noventa, cuando estaba comenzando mis estudios universitarios, tenia un conocido en la facultad con el que empecé a relacionarme bastante. De familia ‘bien’ como se decía antes, hoy se diría con mucho ‘Networking’, me resultaba chocante la ligereza con la que se tomaba la carrera. No es que diga que yo era el estudiante modelo, pero mis esfuerzos hacía, frente a la actictud más bien dejada de mi ‘amigo’.
En cierta ocasión teníamos un parcial, para el cual había que preparar unos 20 temas, cosa que realmente a mi me costó muchísimo esfuerzo. El día del examen nos sentamos juntos y me comentó que el había mirado sólo 5 temas, cosa que no me extrañaba. Mis palabras fueron ‘Que Dios reparta suerte‘, a lo que me contestó: ‘Eso, que Dios reparta suerte y no justicia‘ “.
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La importancia de lo importante
Cuando uno ya va cogiendo unas edades en las que ya está más cerca del final que del principio, las canas, las entradas o los kilos (algo de esto debe de ser) te permiten ver las cosas con otra perspectiva que hace 20 años no las veías.
El otro día en los comentarios de una entrada, intercambiábamos opiniones mi amiga Begoña y yo sobre las ‘cosas importantes’ y le dije que de esa conversación saldría un artículo. Y es este.
Desde pequeño, igual que a todos en esta vida creo yo, siempre nos hicieron la misma pregunta: ¿Qué quieres ser de mayor? Bombero, policía, futbolista,… los que eramos niños. Maestra, enfermera, cirujana,… las que eran niñas.
Esas eran las repuestas más habituales, por lo menos en mi época.
Al crecer y ya empezar a pensar en el futuro la pregunta cambiaba: ¿a qué te quieres dedicar? y en función de eso, ¿cuánto vas a ganar o a dónde esperas llegar profesionalmente?
Y ahora, no se si con los pies en el suelo, los ‘palos’ que da la vida o vete tu a saber el motivo, las cosas ya no son como eran entonces y es cuando comienzas a ver la importancia de lo que realmente es importante.
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Somos lo que somos ¿y lo podemos cambiar?
Hoy solamente os dejo una historia y una reflexión que siempre me ha encantado y que ya he mencionado alguna vez en este blog si no me falla la memoria (que todo puede ser).

“En cierta ocasión, un persa rico y poderoso paseaba por el jardín con uno de sus criados, compungido este porque acababa de encontrarse con la Muerte, quien le había amenazado. Suplicaba a su amo para que le diera el caballo más veloz y así poder apresurarse y llegar a Teherán aquella misma tarde. El amo accedió y el sirviente se alejó al galope. Al regresar a su casa el amo también se encontró con la Muerte y le preguntó:
-¿Por qué has asustado y aterrorizado a mi criado?
-Yo no le he amanazo, sólo mostré mi sorpresa al verle aquí cuando en mis planes estaba encontrarle esta noche en Teherán - contestó la Muerte.”
Frankl, V. Opus citi “El hombre en busca de sentido”
Cuando las cosas han de suceder, van y suceden. El preocuparse en demasía por lo que me pueda ocurrir nos conduce a situaciones mentalmente insostenibles.
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