LA TOLERANCIA ¿TIENE LÍMITES?

La intolerancia sitúa al ser humano en su perfil más bajo, hace a las personas desconfiadas y limita su mente no dejándolas ver más allá de sus propios ojos, se le niega al semejante su condición, perdiéndose la dimensión humana y abriendo la puerta a la agresividad.

Y todo ello para demostrar que hay hombres que son superiores a otros, que hay grupos que tienen más derecho que otros o que hay hombres que son más hombres que otros. Queda así abolida la justicia, se pisotea la libertad y se rompe la razón y el orden, volviendo a la época de las cavernas.

Cuando sometemos al otro estamos creando las condiciones necesarias para ser también sometidos; la libertad es una consecuencia de la pluralidad. Freud esgrimía que en la intolerancia quedaba reflejada de forma patente la agresividad instintiva del ser humano.

Es necesario aceptar la diferencia en todas sus dimensiones, respetar abiertamente la diversidad, confiar en que la pluralidad enaltece al ser humano y admitir la necesidad de la existencia de otros que piensen y sienten distinto a nosotros, porque precisamente ese contraste es lo que de verdad enriquece culturalmente.

Una sociedad en la que sus miembros se sitúen en la perspectiva del otro permitirá percibir la problemática en su origen, facilitando soluciones en los primeros estadios, caminando en consecuencia hacia un mundo mejor y elevando la cultura a niveles hasta ahora no alcanzados.

No hay que olvidar que la tolerancia tiene también sus límites, que deben ser correcta y necesariamente establecidos, ya que en caso contrario la tolerancia puede degenerar en la intolerancia que se trata de evitar.

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