Tag Archive for convivencia

¿CUÁNTO TIEMPO PODÉIS ESTAR SIN ESTAR CONECTADOS A LAS REDES SOCIALES?

La red nos está permVerano 2013itiendo estar cada vez más conectados al mundo virtual pero como con todo, hay que tener en cuenta que no se puede vivir exclusivamente en la red. Hay que ser consciente de que hay que optar por un término medio. Algunas personas están todo el día hiperconectados, es decir, su vida gira alrededor de la red. Nosotros debemos controlar a la red y no ella a nosotros. Todo, en exceso, es malo.

Muchos son los que consultan ya su móvil nada más levantarse, en el baño, cuando ven la tele, cuando han quedado con sus amigos a tomar un café, en sus conversaciones de trabajo, etc. Es decir a uno le surge la pregunta de si en algún momento dejan de estar conectados a sus múltiples herramientas en la red.

Debemos saber diferenciar nuestra vida en la red y fuera de ella. Cada una de las facetas tiene sus momentos. Debemos saber dar a cada una de ellas la verdadera importancia. Está claro que es más importante la vida fuera de la red y debemos saber cuidarla. Muchas veces se desatiende esta faceta por estar conectado. Algunas personas tienen en la red su modo de vida y entretenimiento. No debemos sacrificar una por otra. Siempre defiendo que se pueden complementar ambas.

Como consejo sugiero establecer nuestra planificación de tiempo diario y semanal con la correspondiente flexibilidad que se debe tener. Todos sabemos lo que tenemos que hacer cada día de forma prioritaria y debéis especificar cuánto tiempo podéis dedicar a cada cosa. La clave está en respetar esos tiempos y hacer lo que se pueda gestionar en ese tiempo. Lo que no se haga, se queda para el día siguiente que tengáis tiempo para gestionarlo. Por ello, es vital que sepáis establecer la prioridad adecuada y objetiva a cada cosa. Os planteo las siguientes preguntas: ¿Cómo determináis la prioridad de las tareas o cosas a realizar en el día? ¿Comenzáis por lo que os gusta más o menos? ¿Respetáis los tiempos marcados para cada tarea o actividad? ¿Qué escusas buscáis para justificar los incumplimientos reiterados?

Está claro que cada persona somos un mundo y nuestras prioridades y necesidades son diferentes en función de nuestras circunstancias personales, familiares y profesionales. Sin embargo, estar todo el día conectados no es saludable porque nos puede apartar y aislar en exceso. Debemos también tener nuestro tiempo de relax fuera de la red haciendo otras múltiples cosas que se pueden hacer sin estar conectado.

Además de esa planificación que os comentaba anteriormente, aconsejo establecerse una rutina diaria de encendido y apagado de nuestros artilugios tecnológicos. Después tenemos que establecer el momento de encenderlos. No es recomendable que sea lo primero que se haga nada más levantarse porque debemos dedicar tiempo para nosotros para despertarnos, estirarnos, asearnos y prepararnos para comenzar la jornada. Al finalizar esto, sí que podemos establecer la rutina de encender estas herramientas tecnologías que forman parte de nuestra vida. No es recomendable tener estos artilugios encendidos por la noche sino que debemos marcar una hora de apagado y desconexión automático de estas herramientas.

Tenemos también que ser coherentes con lo que hacemos en la red y dar prioridad a las tareas que son vitales para nuestro trabajo. No pasa nada por no actualizar tu cuenta de twitter, ni tu perfil de facebook o de otras múltiples herramientas disponibles. Determinados correos electrónicos pueden contestarse más adelante.

El exceso de información a la que estamos expuestos hoy en la red nos distrae y nos desconcentra. Debemos filtrar y dar prioridad a determinada información porque es imposible poder canalizar, sintetizar y leer todo lo que nos llega.

Es recomendable marcarse períodos al día, a la semana, al mes, al trimestre, al semestre o al año de desconexión total en función del tiempo libre que tengamos para permanecer desconectado de aparatos tecnológicos. Yo lo llevo ya probando desde hace un tiempo y va fenomenal. Al principio, a uno le entra el mono de necesitar mirar sus aparatos tecnológicos y su cabeza le engaña y estimula con el “por si acaso”, “tal vez tengas”, “debes hacerlo”, sin embargo, una vez superados esos momentos de estrés mental, te das cuenta de que puede esperar y que la red puede vivir sin ti como lo hacía antes de que llegases.

Muchas veces, cuando estamos manteniendo una conversación con otras personas nos dedicamos a estar mirando a la vez el móvil o cualquier otro de los múltiples aparatos tecnológicos que tenemos y aunque digamos que prestamos atención no estamos ni a una ni a otra cosa. Yo, el primero que en alguna ocasión lo he hecho y me doy cuenta que está mal. Debes ser consciente de que lo primero es atender a la persona con la que estás. Otra cosa es que te entre una llamada urgente que estás esperando pero no para mirar el email porque te entra esa necesidad. Las obligaciones y necesidades nos las creamos nosotros mismos.

La red nos ha aportado grandes avances, sin embargo, el otro día leía una noticia cuyo titular era que uno de cada tres jóvenes usa las redes sociales desde el baño y creo que esto ya es pasarse y nos debemos parar a pensar. Se me ocurre lanzar unas cuantas preguntas a raíz de este tema: ¿desde qué sitios más extraños os conectáis a las redes sociales? ¿Cuántas horas estáis conectados al día a la red? ¿Cuánto tiempo podéis estar sin estar conectados a las redes sociales? ¿Qué significa para vosotros la red en vuestras vidas?

Por supuesto las prioridades y necesidades de todos han cambiado con las nuevas tecnologías que nos dan comodidad, seguridad e inmediatez. Aunque también tenemos que saber ver que hace unos años podíamos vivir sin ellas y es cuestión de buscar el punto intermedio de integración en nuestras vidas. Debemos controlar nosotros las nuevas tecnologías y no ellas a nosotros.

Cuéntanos como estas integradas las nuevas tecnologías en vuestras vidas. ¿Consideras que estar hiperconectados es bueno o malo?

Autor: Juan Martinez de Salinas

EL ROL DEL IMPOSTOR EN LAS ORGANIZACIONES

En todas las organizaciones tMarenemos personas con diferentes roles, que llevan a cabo diversos papeles, siempre el que mejor encaja con ellos. No podemos olvidar que la mayoría de las personas se comportan en el trabajo con bastante similitud a como lo hacen en su vida privada y social. No suele darse el caso de desarrollar diferentes personalidades según la situación.

Hoy quiero centrarme en el perfil del compañero de trabajo impostor. Es un personaje que pretende aparentar lo que no es, que va de lo que no es, que quiere dar la sensación de hacer mucho cuando es todo lo contrario; va de amigo de todos y en realidad siempre va con el puñal para clavarlo cuando menos uno se espera. ¿A cuentas personas así conocéis en vuestro entorno laboral? Seguro que más de las que os gustarían y estoy seguro que ya os ha venido su nombre a la cabeza.

Lo mejor de todo es que a estas personas al final se les ve venir y el resto de compañeros identifican cómo son, sin embargo, saben mantener las apariencias y soltar sus encantos de falsedad con las personas que toman las decisiones. Suele ser común que, al final, cometa un error cuando baje la guardia. Las personas impostoras son muy camaleónicas, es decir, que tienen mil caras y no dudan en sacar la que más les interese en cada momento. Pueden ser amables, atentos, comprensivos, comunicativos, reflexivos, trabajadores, solidarios, etc.; con el fin de conseguir sus propósitos con las personas a las que quieren manipular o utilizar.

Las personas con este rol son muy observadoras, que identifican el pie de que cojea el resto de persona de su entorno para sacar de cada uno de ellos lo que le interese. También suelen aprovechar las debilidades o los momentos flojos para minar la moral de los demás y sobresalir. Pero es todo labia. Por ello, cuidado con confiar rápidamente en personas que acabáis de conocer en el ámbito profesional. La confianza debe ganarse y darse poco a poco tras demostrar con tiempo y actos como son. Al principio, todos somos muy “guays” hasta que se demuestre lo contrario, sin embargo, es imposible mantener el mismo papel siempre. Los pequeños detalles serán los que os hagan ver las diferencias.

Las personas con un rol impostor tienen un punto débil que les hace mostrar su verdadera cara y es cuando han conseguido los propósitos profesionales que tenían y eso les hace olvidarse de lo que han dejado atrás. Así que no dudéis que de un día para otro os ignoren o incluso no os dirijan la palabra si ya no les servís para ninguno de sus nuevos planes de futuro.

Siempre aconsejo ignorar a estas personas y hacerse una coraza para que vean que no os afectan sus intenciones o tretas. Disfrutan viendo sufrir a los demás. Por lo tanto, debéis plantarles cara de forma inteligente para que caigan en su propia trampa y así los demás vean como son.

El impostor propondrá, dirá y hará todo lo que pueda para quedar bien delante de los que toman las decisiones. Las personas con este rol critican a los demás y lo que hacen porque ellos lo harían de otra forma. Eso sí, cuando algún día llegan a ocupar esa posición toca demostrar que lo pueden hacer y suelen dejar patente que el listón nunca está lo suficientemente bajo como para no hacerlo peor. No olvidemos que, como se suele decir, los toros desde la barrera se ven muy bien. Es luego en la plaza cuando toca lidiar con ellos y es en ese momento, cuando se ve la casta de cada persona. Las personas impostoras suelen recurrir a echar la culpa a sus antecesores y esa triquiñuela les puede valer inicialmente pero luego, no cuela.

Este tipo de personas, en el fondo son mediocres y no pueden sobresalir si no es a costa de aprovecharse de otras personas de su entorno profesional más capacitadas pero menos estrategas. Suelen tener tirria a las personas que sobresalen por si solas porque son buenas en lo que hacen.

Las personas impostoras son envidiosas y se alegran de las desgracias profesionales ajenas y, por el contrario, cuando triunfan los otros, suelen dar esa felicitación con la boca pequeña.

Lo mejor es andaros con cuidado con este tipo de personajes y mantener el mínimo contacto posible, es decir, el justo y necesario. No os fieis y no os dejéis manejar.

Los responsables de las organizaciones deben tener cuidado a la hora de decidir de quién fiarse porque muchas veces las apariencias engañan y deben ver todo el proceso de las personas y no solo la parte obvia.

Cuéntanos tus experiencias con este tipo de perfiles en vuestra organización. ¿Cómo os habéis enfrentado con este tipo de personas? ¿Qué acciones consideráis que son efectivas para alejarlos de vosotros?

Autor: Juan Martinez de Salinas