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Libro Expertología de Andrés Pérez Ortega

Hace ya unas semanas que tuve en mis manos el nuevo libro de Andrés Pérez Ortega titulado “Expertología”  de la editorial Alienta, a la cual quiero agradecer públicamente el haberme mandado el libro para poderlo leer.

Sinceramente las expectativas que tenía puestas en el libro han sido superadas con creces. Es un libro que engancha desde el principio y que lo he devorado en unos cuantos ratos que he ido sacando en cuanto podía. Por supuesto, recomiendo su lectura.

Lo que queda claro leyendo el libro de Andrés es que, para llegar lejos en cualquier disciplina, debemos trabajar duro hasta conseguir que lleguen los resultados esperados. Las personas que pretenden triunfar sin esfuerzo tal vez lo consigan, sin embargo, caerán rápidamente por su propio peso.

El reconocimiento, el prestigio y la valía profesional llevan un proceso lógico y no existe un solo camino para lograrlo; cada persona somos un mundo. Por ello, lo primero que debéis hacer es encontrar vuestro camino y andarlo paso a paso y cuando os queráis dar cuenta, habréis llegado al sitio deseado o algo que se le parezca bastante. Si realmente sabéis hacer algo debéis demostrarlo, poniéndoos cuanto antes manos a la obra desde la acción.

Este libro os hará replantearos muchas ideas preconcebidas que podáis tener sobre el éxito; igualmente, tendréis que “currar” para conoceros más en profundidad porque no olvidemos que, la primera piedra, es el autoconocimiento y, a partir de ahí, debemos seguir construyendo nuestra marca. La marca es un cúmulo de acciones humanas que demuestran de forma categórica lo que os hace diferentes, desde la muestra del ser que tenéis dentro.

Lo que queda claro es que se debe huir de los expertos y gurús que solo saben decir que lo son y, a la hora de mostrarlo, siempre encuentran excusas para no hacerlo. La clave está en “menos decir y más hacer”. Hoy en día, muchas personas están acostumbradas a quejarse constantemente y, con esa actitud, en vez de cambiar nada aun agravan más su situación. Si algo no nos gusta, somos precisamente nosotros los principales protagonistas para poderlo cambiar y no será por opciones y posibilidades. Desde mi punto de vista, no hay nada imposible de poder o conseguir o cambiar y el principal motor es la actitud que tomemos hacia los nuevos retos. No caigas en el error de no intentarlo porque, como he dicho muchas veces, debes arrepentirte del qué hubiese pasado si lo hubiera hecho, que nos indica inacción pero no de lo que ha pasado que nos nuestra actividad.

¿A qué esperas para desarrollar tu “expertología”?

¿Siempre has actuado con ética profesional?

Hace ya unos cuantos días que llevo dándole vueltas al tema de la ética profesional. Creo que es algo de lo que muchas personas carecen hoy en día, independientemente del puesto que ocupen.

¿Vale todo para conseguir los que os proponéis? Yo lo tengo muy claro; mi respuesta es un rotundo no y ahora paso a explicar mis razones.

En esta vida, debemos tener unos principios y valores que se reflejen en todo lo que hacemos y contra los que no se puede ir porque supondría traicionar a la buena persona y al buen profesional que todos llevamos dentro. Está claro que en la sociedad actual debemos ser competitivos para llegar a la meta, siempre y cuando, para conseguirlo, no tengamos que usar tácticas y herramientas poco limpias. Cada uno tiene que llegar a donde le corresponde por su valía, competencias, esfuerzo y trayectoria.

El problema principal suele venir de las cúpulas directivas de las organizaciones, que lanzan mensajes en sus discursos muy rimbombantes del tipo “En esta compañía, lo que priman son las personas y su talento”, “El café para todos ya no vale”, “El compromiso y la productividad de cada uno es lo que prima en esta empresa”, “Todas las personas tienen el mismo trato independientemente del puesto que ocupen”, etc. Después,  en muchas ocasiones, esto no se corresponde con las acciones que acometen. No basta con lanzar mensajes bonitos sino que uno debe creérselos y ponerlos en marcha, siendo el abanderado que da ejemplo. No se puede pedir flexibilidad a los trabajadores cuando la empresa es totalmente inflexible con las necesidades de sus trabajadores. Debe de existir un equilibrio en el que ambas partes se adapten y ayuden cuando sea preciso.

Cuando más arriba se está en el escalafón, menos se pone uno en el lugar de los demás y se piensa que siempre se tiene la razón por ser quien es. Que un subordinado osa llevaros la contraria, propone alternativas donde vosotros no las veis, en vez de tener visión global y abierta, os comportáis de una forma propia de las monarquías absolutistas de antaño y gritáis la frase interna de “Que le corten la cabeza”; teniéndolo fuera de la empresa os creéis que todo solucionado. Luego veis que pasan las semanas y meses sin que nada mejore, por supuesto, la culpa la siguen teniendo los demás. Sin daros cuenta que quizás el problema está en vosotros mismos.

No debéis olvidar que cada uno queda por lo que hace y no por lo que dice para dar una imagen idílica. Esa imagen puede mantenerse, pero son los resultados los que hablarán a medio plazo.

Todas las personas son importantes y debéis demostrarlo día a día para que los frutos se vean con el paso del tiempo.

Es cuestión de que uséis la ética y la coherencia profesional de cara a vuestras actuaciones. Por ejemplo, no podéis pretender que vuestras personas se involucren cuando hace cuatro días habéis despedido a compañeros suyos sin dar ninguna explicación o les habéis recortado determinados derechos sin contar con su opinión. También determinadas empresas se quejan de que sus trabajadores no aportan ideas, ni tienen iniciativa y quizás se olvidan el preguntarse ¿hemos llevado a cabo las acciones y pasos necesarios para ello? Porque esta claro que si vendéis esa idea con palabras y después en el momento que alguien toma la iniciativa y fracasa se le reprende de forma ejemplar para que el resto aprendan. Y claro con ese comportamiento de la alta dirección ¿Vosotros propondríais ideas y las pondríais en marcha?

Las cosas pasan por algo y, normalmente, tienen su lógica y debemos querer verlas para que se les pueda poner remedio. La flexibilidad tiene que partir, en primer lugar, de las organizaciones que las dirigen las personas.

Los principios y la ética de una compañía se comprueban en los momentos difíciles, cuando es necesario demostrar lo que realmente les importa. Algunas empresas se sorprenden que sus clientes no estén contentos y lo único que hacen es quejarse y no investigar qué se puede deber. Quizás deberían preguntarse ¿están contentos los trabajadores? ¿Nos preocupamos de escucharlos? Porque lo que está claro es que si vuestras plantillas no están contentas, no involucradas con su trabajo, es algo que se transmite a los demás, independientemente de que tengan culpa o no. Uno, por ejemplo, no atiende con la misma motivación el teléfono si está a gusto en su trabajo que si está quemado porque no se tienen en cuenta sus necesidades y sus expectativas.

No es ético el no ver más allá de los problemas de uno mismo y pasar olímpicamente de los demás. Uno tiene que ponerse en el lugar de la otra parte para intentar comprender su punto de vista. Y no podéis pretender tratar a los demás como no os gustaría que os tratasen a vosotros. El hacer lo correcto o lo incorrecto depende exclusivamente de uno mismo.

El que no tiene la conciencia tranquila es por algo y, al final, cada uno recoge lo que se merece. La ética supone pensar más en plural y menos en singular. Igualmente requiere tener como principales bastiones de rumbo la objetividad, la humildad, el sentido común y la sinceridad. De la misma forma, es preciso que pensemos más sobre nuestras acciones y que tengamos capacidad de autocrítica con respecto a nuestros comportamientos.

Y para finalizar, me gustaría plantear dos cuestiones ¿Qué es para ti la ética? Y ¿siempre has actuado con ética profesional?

Autor: Juan Martinez

Competencias para directivos

El mundo competitivo al que nos enfrentamos hace que cada vez se busquen profesionales más calificados y preparados para la tarea que deben desempeñar en las empresas. Uno de los problemas con los que cuenta la Pyme es la dificultad de hacer un buen proceso de selección en el que se escoja al candidato más preparado para el puesto. Desde la Psicología de las organizaciones (Osca, 2006) se han propuesto distintas fórmulas para realizar un proceso de selección como pueden ser el análisis de los puestos o el análisis de competencias. El análisis de puestos tiene por objetivo describir las tareas de los puestos de trabajo independientemente de las personas que los llevan a cabo. Desde los modelos de competencias se entiende que las organizaciones son cambiantes y que lo importante no es tanto analizar las tareas concretas de un determinado trabajo sino que perfil/tipo de persona se necesita para incorporarse al puesto. Esta perspectiva del análisis de competencias, está cobrando mayor importancia por las ventajas competitivas que ofrece.

Dentro de los procesos de selección de personal más complejos se encuentra el de la elección de directivos. Para facilitar esta situación, algunos autores (Pereda y Berrocal, 2000) han descrito cuales deberían ser las competencias necesarias para puestos directivos. A continuación se enumeran dichas competencias:

1. Cumplimiento de normas y reglas de trabajo
2. Iniciativa personal y creatividad
3. Resistencia al estrés, ánimo estable y controlado
4. Buenas relaciones sociales con los compañeros. Capacidad de motivación para lograr las metas de la empresa.
5. Buenas relaciones con los superiores
6. Orden y minuciosidad en el trabajo. Capacidad de organización, planificación y programación de tareas, tiempos y recursos
7. Resistencia a la monotonía
8. Habilidad para solucionar incidentes
9. Visión positiva de la empresas, compromiso y dedicación. Actitudes y percepciones positivas hacia el trabajo.
10. Capacidad de análisis y reflexión
11. Seguridad en sí mismo. No teme la aparición de dificultades porque confía en que sabrá afrontarlas.
12. Conocimientos profesionales, experiencia. Dominio de los aspectos profesionales y técnicos.
13. Relación efectiva y adecuada con clientes
14. Motivación laboral. Compromiso y entusiasmo con la tarea.
15. Capacidad de decisión, habilidad para tomar decisiones e iniciativa para llevarlas a cabo.
16. Dirección de equipos, capacidad para organizar, motivar y supervisar grupos de trabajo
17. Adaptabilidad, flexibilidad y versatilidad ante las nuevas situaciones.
18. Habilidades de comunicación, capacidad para comunicarse de modo lógico, claro y efectivo.
19. Planificación y organización
20. Creatividad e innovación
21. Sentido de empresa, capacidad de predecir las situaciones de negocio nuevas
22. Conocimientos y habilidades negociadoras

Fuente: Dra. María de la Fe Rodríguez Muñoz – Master en Psicología Clínica. Profesora de Psicología de las organizaciones UNED.

Kaizen (Intoducción)

He decidido plantear una serie de artículos para daros a conocer, si es que alguien desconoce lo que es el Kaizen. Para esto ya poseís un blog magnífico en la red Pensando en Kaizen, pero como me parece un tema muy interesante, lo voy a tocar yo un poco en este blog.

¿Qué es el Kaizen?

Kaizen es lo opuesto a la complacencia. Kaizen es un sistema enfocado en la mejora continua de toda la empresa y sus componentes, de manera armónica y proactiva.

El Kaizen surgió en el Japón como resultado de sus imperiosas necesidades de superarse a si misma de forma tal de poder alcanzar a las potencias industriales de occidente y así ganar el sustento para una gran población que vive en un país de escaso tamaño y recursos.

Las empresas e individuos deben adaptarse a los nuevos retos, capacitándose y poniéndose al día con los cambios tecnológicos y adoptando una nueva visión del comercio y del mundo.

Dentro de esa nueva visión, la necesidad de satisfacer plenamente a los consumidores y usuarios de productos y servicios, la creatividad puesta al servicio de la innovación, y el producir bienes de óptima calidad y al coste que fija el mercado, son los objetivos a lograr.

Estos objetivos no son algo que pueda lograrse de una vez, por un lado requiere concienciación y esfuerzo constante para lograrlos, pero por otro lado, necesita de una disciplina y ética de trabajo que lleven a empresas, líderes y trabajadores a superarse día a día en la búsqueda de nuevos y mejores niveles de performance que los mantengan en capacidad de competir.

No tomar conciencia de estos cambios y necesidades, llegará a ser letal para todos aquellos que no lo comprendan y entiendan debidamente. Enormes masas de individuos luchan todos los días para subsistir en el mundo, y para ello tratan de vender mejores y más económicos productos y servicios.

El Kaizen no sólo debe ser comprendido por los empresarios y trabajadores, sino también por los gobernantes, educadores, estudiantes y formadores de opinión. El Estado no sólo debe mejorarse asimismo, sino que además debe fomentar y capacitar a sus ciudadanos para lograr la mejora continua como única alternativa posible en un mundo en la cual no hay alternativas.

El mundo ha comenzado a ser invadido por productos de países como China, India, Tailandia, Malasia, Indonesia y Pakistán entre otros. Algunos, aún ni siquiera saben donde se ubican esas naciones en el mapa, y ello es grave. En una época de grandes bloques y luchas comerciales, en una época de rápido crecimiento del comercio mundial ya no es válido ni sirve desconocer a los restantes competidores. Tratar de cerrarse al mundo como muchos pregonan es extremadamente peligroso, puede llevar a la agonía de un país o región en el mediano o largo plazo.

Hay dos tipos de países aquellos que mejoran día a día, comerciando y compitiendo a nivel mundial, logrando de tal forma mejorar sus niveles de vida y confort, y aquellos otros que negándose obcecadamente al cambio y a la integración al mundo, pierden de forma continua sus niveles de vida y capacidad de competir.

En un mundo de rápidos cambios y transformaciones, tecnológicas, culturales, políticas y sociales, no poner el máximo esfuerzo en adaptarse rápidamente a ellos constituye una actitud que podría catalogarse o bien de soberbia o lisa y llanamente de estúpida.

En épocas de cirsis, como la actual, las empresas más flexibles al cambio y con mayor capacidad y velocidad de adaptación, triunfarán. Las grandes fábricas norteamericanas tanto de autos como de electrodomésticos sujetas a los anteriores paradigmas sufrieran el fuerte embate de las empresas japonesas, capacitadas éstas para asombrar a los consumidores americanos y europeos con artículos sofisticados y de precios mucho más accesibles.

Esa gran capacidad de las empresas japonesas se debió a la utilización del sistema Kaizen, el cual basado en una filosofía y haciendo uso de innumerables herramientas, métodos e instrumentos administrativos tomaron por asalto no sólo a las corporaciones americanas, sino también a sus concepciones de management.

Así una a una las industrias occidentales en materia automotriz, motos, relojería, cámaras fotográficas y de video, fotocopiadoras, entre muchas otras fueron cayendo bajo las competidoras japonesas. Empresas como Toyota, Honda, Mazda, Isuzu, Suzuki, Yamaha, Kawasaki, Mitsubishi, Olimpia, Minolta, Bridgestone , Subaru, Canon, Matsushita, Konica, Sharp, Sanyo, Casio, Seiko, Orient, NEC, JVC, National, Hitachi, Daihatsu, Fuji Electric, Fujitsu, Ricoh, Nissan, Nipón Steel, Pentel, Komatsu, entre otras muchas, invadieron y desplazaron a las marcas occidentales en las vidrieras y gustos del público. Productos que eran considerados baratos y de baja calidad, pasaron a ser demostrativos de nivel, poseyendo un alto valor de mercado, debido a la alta relación calidad – precio.

El país que hasta hace poco tiempo recibía a los grandes gurúes de occidente en materia de calidad, tales como Deming y Juran, ahora exportaban sus asesores y conocimientos a las naciones occidentales. Entonces cobraron renombre figuras tales como Ohno, Imai, Ishikawa, Shingo, Mizuno, Taguchi, Otha y Karatsu.

Igual ejemplo y disciplina por la mejora en la calidad y productividad siguieron países como Corea del Sur, Singapur y Hong Kong.

Os dejo también un estracto en inglés que describe a la perfección que es el Kaizen:

Kaizen – What it means?
KAIZEN is a Japanese word meaning gradual and orderly, continuous improvement. The KAIZEN business strategy involves everyone in an organization working together to make improvements ‘without large capital investments’.

KAIZEN is a culture of sustained continuous improvement focusing on eliminating waste in all systems and processes of an organization. The KAIZEN strategy begins and ends with people. With KAIZEN, an involved leadership guides people to continuously improve their ability to meet expectations of high quality, low cost, and on-time delivery. KAIZEN transforms companies into ‘Superior Global Competitors’.

Two Elements of KAIZEN
There are two elements that construct KAIZEN, improvement/change for the better and ongoing/continuity. Lacking one of those elements would not be considered KAIZEN. For instance, the expression of “business as usual” contains the element of continuity without improvement. On the other hand, the expression of “breakthrough” contains the element of change or improvement without continuity. KAIZEN should contain both elements.

KAIZEN Concept in Our Individual Life
KAIZEN, as you could learn from the definition, is a common word and very natural to individual, continuous improvement in personal life, home life, social life and working life. Everybody deserves to and should be willing to improve himself/herself for the better continually. “If a man has not been seen for three days, his friends should take a good look at him to see what changes have befallen him” quoted from the old Japanese saying, describes how natural KAIZEN is.

Maintenance, Innovation, and KAIZEN
In our concepts, three functions should happen simultaneously within any organizations: Maintenance, Innovation, and KAIZEN. By maintenance, we refer to maintaining the current status, the procedures are set and the standards are implemented. People in the lower level of organization mostly do that, they maintain their standards.

By Innovation, we refer to breakthrough activities initiated by top management, buying new machines, new equipment, developing new markets, directing R&D, change of strategy etc.

In the middle there is KAIZEN, small steps but continuing improvement. KAIZEN should be implemented by the lower/middle management and the workers, with the encouragement and direction of the top. The top management responsibility is to cultivate a KAIZEN working climates and cultures in the organization.

KAIZEN Attitude
The kaizen attitude makes our firm so adept at exploiting new technology, even when we are not its originator. Kaizen-driven firms do not suffer from “not invented here” syndrome. Ideas are not the exclusive preserve of R&D, corporate planning, or market research; every new idea is welcomed and “channels” are forsaken.