¿Y tú qué haces?

¿Vives para trabajar o trabajas para vivir?

Piénsala detenidamente y saca tus conclusiones.

¿Ya has respondido?. Más que la respuesta, que en realidad todos os gustaría que fuese la segunda, lo que debéis de tener en cuenta son dos cosas:

  1. Los hechos que habéis tenido en cuenta para dar la respuesta.
  2. El proceso en sí que los anteriores os han llevado a dar la respuesta.

Toma una decisión¿Qué habéis valorado para dar la respuesta?

Me imagino que cosas como:

-Concilición de la vida laboral y  familiar.

-Disponibilidad de tiempo libre.

-Satisfacción en el puesto de trabajo en el que te encuentras.

-Posibilidad de trayectoria profesional.

-Incluso habrá quien haya pensado en las condiciones económicas.

De todo esto y más que hayais valorado, ser sinceros, ¿qué es lo que más peso ha tenido en la respuesta que has dado?

Aunque parece algo sin importancia la tiene y mucho. Si has valorado cosas como la conciliación o el tiempo libre, estás desarrollando perfiles sociales y laborales que se asemejan más a la respuesta de “trabajar para vivir“. Si por lo contrario, valoras más el hecho de la trayectoria profesional, del éxito, de la remuneración,…, estás desarrollando perfiles más próximos a “vivir para trabajar“.

Con esto no quiere decir que una persona que quiera un éxito profesional no valore el hecho de “trabajar para vivir”, pero lo que está claro es que está dispuesta a sacrificar su vida personal (“trabajar para vivir”) en aras a la consecución de su fin último.

Son comportamientos diferentes que puede que no cristalicen pero que sin embargo muestran tendencias en las conductas de los individos que hacen que sea más proclive a una cosa u a otra. Si ves que las cosas se te escapan de las manos y que cada vez pasa más lo primero que lo segundo, ¿se puede hacer algo? 

Pues claro que sí. Analízate, márcate metas en las acciones que realizas diariamente e intenta cumplirlas. La frase “quién algo quiere algo le cuesta” es aplicable perfectamente en este caso y en ambas direcciones. Sólo tienes que saber que estás dispuesto a sacrificar y aceptarlo. Así optes por la forma de trabajar que optes, nunca te encontrarás a disgusto con la decisión tomada, que al fin y al cabo esa es la decisión mas imortante.

Por otro lado observemos un momento el proceso de razonamiento que te ha llevado a dar la respuesta. A lo largo del mismo habrás analizado lo que haces diariamente en tu trabajo y habrás sacado una conclusión y la respuesta. ¿Durante ese proceso, al analizar tus cometidos diarios te has dado cuenta de que hay cosas que haces que nunca pensaste que las harías así, o bien que si tuvieses que volver a empezar la harías de otra forma, o bien simplemente te das cuenta de cosas que no estás haciendo de forma adecuada?

Eso quiere decir que has detectado una serie de problemas latentes que pueden ir a más o permanecer ahí sin agravarse. Independientemente de la repuesta dada, ¿serías capaz de hacer una lista de acciones para modificarlos y conseguir que desapareciesen sin que ello afectase a tu respuesta (si es que estás a gusto con ella ) o que si la afectasen (si es que la quieres cambiarla)?

Si encuentras algo que no te gusta, haz una lista de cosas que quieres cambiar, y como si se tratase de prieros de año proponte hacerlas. Seguro que des la respuesta que des a la pregunta inicial te encontrarás más a gusto con lo que haces y no cabrá en tu forma de pensar ningún tipo de remordimiento.

 

Perdonar pero hoy me ha salido la vena del coaching. Espero que haya parecido interesnte y sobre todo útil.

2 comments

  1. Pablo Rodríguez dice:

    Hola, José Luis.

    Interesante reflexión, supongo que en ocasiones también depende del momento vital y profesional en que te encuentras, y de las circunstancias; por ejemplo, si estás casado y tienes hijos pequeños, quizás seas más propenso a preferir un poco más de tiempo, aunque sea por menos dinero.

    Pero vivimos en una sociedad muy competitiva, en la que todo el mundo quiere presumir de súper-casa, súper-coche, etcétera, aunque sea a costa de no tener ni tiempo para disfrutarlo.

    Pongo un ejemplo, alguien que gane un buen sueldo, 2.400 euros, por ejemplo, ¿estaría dispuesto a trabajar por 1.200? A priori, seguro que no, pero, ¿y si fuera por cuatro horas diarias?

    Conozco un caso real, no tan exagerado quizás, pero verídico. Un compañero mío era aparejador, tenía un buen sueldo, pongamos que alrededor de 40.000 euros al año, y un buen trabajo, con un jefe del que hablaba maravillas (al cual, además, yo conozco, y es cierto).

    Le surgió una oportunidad de cubrir una plaza en la Administración Pública medio de rebote, y como personal laboral, la oposición tendrá que ganarla…

    El sueldo que tendría sería alrededor de 24.000 euros, pero trabajaría de ocho a tres (en la práctica, menos), y con el trabajo a 500 metros de casa.

    Está encantado con el cambio, según nos ha comentado, con el hecho de tener las tardes libres para disfrutar…

    Un saludo
    Pablo Rodríguez

  2. Buenas amigo Pablo.

    El ejemplo que comentas de tu amigo es el ideal, como cambiar las necesidades que nos pone la sociedad por las necesidades reales que tenemos cada uno.

    Es un privilegiado si consigue eso.

    Yo creo que la única forma de que seamos felices y estar a gusto es consiguiendo satisfacer nuetras necesidades no las que nos imponen. Ese es el gran error de hoy en día.

    Nos autoimponen unas necesidades que nos atan al trabajo y a medida que crecemos profesional y personalmente (familiarmente), las necesidades crecen.

    Estamos en una sociedad “dictadora”: es la que impone lo que debemos de hacer y eso es el primer error de hoy en día. Cada uno tiene que saber lo que necesita y sus prioridades y luego luchar por conseguirlas.

    Un saludo amigo

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