¿Eres de los que disfrutan con el proceso o con el resultado?

Hoy creo que me he dado cuenta de una posible nueva clasificación aplicada al mundo laboral que reconozco que me ha gustado mucho.

Se trata de separar a los individuos en dos tipos: los que disfutan del proceso o los que disfrutan del resultado.

Los que disfrutan con el proceso

Si disfrutas con lo que haces, independientemente del resultado que obtengas; estás acostumbrado a analizar todos los puntos de vista posibles en lo que acometes; siempre estás buscando nuevas ideas para mejorar lo que haces; eres inconformista con la forma en que trabajas; en definitiva que te preocupas más de los procedimientos que de los resultados obtenidos, que las cosas se intenten hacer siempre mejor y del modo más eficiente posible, qu no te queda duda de que eres una persona que disfruta con lo que hace, con el proceso, sea cual sea el resultado final obtenido.

Los que disfrutan con el resultado

De lo contrario, si sólo buscas la obtención del resultado marcado desde el inicio; te da igual la mejora de los procesos y hacer las cosas de un modo más eficiente; te obsesiona más el fin que los medios; eres de los que te gusta no opinar hasta ver el producto final; consideras que el proceso es un mero paso para conseguir tu objetivo; es tá también claro que eres de los que disfutan con los resultados.
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EL goce de las pequeñas cosas ( la atención )

Debiéramos ser como los niños, porque ellos saben perfectamente como disfrutar cada momento.

Pero claro eso no es posible, nos diremos, tenemos obligaciones que los niños no tienen. Hay que trabajar y cubrir nuestras responsabilidades como adultos. ¿ Pero acaso impide eso que disfrutemos de las pequeñas cosas?

Un lugar para cada cosa y cada cosa en su momento, puede ser la reflexión más encaminada para hacernos felices. De todas las actividades se pueden sacar consecuencias positivas y agradables si buscamos bien. Y para ello hay una cosa que se torna fundamental: atención.

Una buena forma de desarrollar la atención es habituarnos a su uso. Una vez que nos habituamos a estar atentos lo convertimos en una rutina automática y aquello que antes se hacía difícil se vuelve simple al convertirse en hábito.

Y no olvidemos la necesidad de dirigir la atención hacia uno mismo, porque el interior también es importante. Tener conciencia de sí mismo permite percibir lo que en cada momento hacemos y si nos resulta o no agradable, permite discernir entre las cosas que merecen y las que no merecen la pena y de esa manera podemos hacernos una idea clara de hacia donde vamos en cada momento, sabiendo que allí donde nos dirigimos es precisamente el lugar al que queremos realmente ir. Se trata simplemente de constituirse en los dueños de nuestro propio destino, en lugar de ir a la deriva.