¿Eres emprendedor o un fracasado?

En España, muchas personas con mentalidad emprendedora o que tienen una idea, se lanzan a ponerla en marcha de forma real, es decir, deciden tirarse a la piscina sin tener garantizada el agua. Sin embargo, pocas personas que montan un negocio consiguen triunfar a la primera y eso no quiere decir que su idea fuese mala sino que en alguna fase del proceso de puesta en marcha fueron por el lado inadecuado. De los traspiés es de donde más se aprende o eso es lo que de forma teórica muchos expertos recomiendan.

Sin embargo, en España, aquellos que inician su actividad profesional como emprendedores siendo sus propios jefes y que se ven abocados tras el período de tiempo considerado adecuado a cerrar porque no tienen más que perdidas son marcados por nuestra sociedad como fracasados, acabados y personas sin valía. Si lo miramos bajo un punto de vista experimental, si el emprendedor sabe encajarlo y sacar las conclusiones correctas de porque fracasó es una gran lección que le puede dar los parámetros para conseguirlo la próxima vez. Pero de nada les sirve a los emprendedores esa sabiduría porque con un fracaso a sus espaldas, aunque tengan ganas de montar otro negocio, no dependerá de ellos porque no suelen disponer de solvencia económica y el tener acceso a financiación de las entidades financieras o de algún inversor es una quimera que desde las instituciones se vende con la boca llena aunque luego la cruda realidad es otra totalmente distinta.

El miedo al fracaso es extremadamente alto en España y eso frena a muchas personas a coger al toro por los cuernos para intentar llevar su idea de negocio a la vida real. Hemos idealizado en exceso el triunfo inmediato y, a la primera, sin darnos cuenta que eso ocurre en muy pocas ocasiones en cualquier faceta de su vida. Para ello os voy a lanzar una pregunta ¿Cuántas personas consiguen el puesto de trabajo al que optan en su primera entrevista de trabajo? Siendo realistas, muy pocos porque no tienen soltura para enfrentarse a esa situación y necesitan un proceso de aprendizaje con práctica, a no ser que encuentren una empresa que les dé la oportunidad de experimentar a pesar de poder ver verde a ese candidato.

Muchos que en la actualidad triunfan les llevó su tiempo y fracasaron con anterioridad, sin embargo, tuvieron apoyo y una oportunidad porque se valoraron adecuadamente sus intentos por alcanzar su meta. Es muy habitual que cuando una persona llega hasta al final, en varios procesos de selección en la actualidad y no es seleccionado, piense que algo falla o ponen en duda su potencial. Por supuesto, en algún caso puede ser esa la razón pero también puede ser que ese candidato sea muy válido y que la competencia sea dura, es decir, que requiere un poco más de tiempo para encontrar su oportunidad. 

Esto es lógico que ocurra en España porque no somos un país con una cultura emprendedora excesivamente generalizada y eso hace que la inflexibilidad campe a sus anchas de forma global, haciendo verdaderos estragos en personas con gran potencial.

Debemos incentivar y apoyar mucho más a las personas emprendedoras pero no con mensajes pomposos que en el fondo están vacíos sino con realidades que se materialicen en ayuda cuando cada emprendedor la precise, independientemente de que con anterioridad fracasase.

La valía se demuestra a largo plazo tras un largo recorrido que conlleva preparación, práctica y constancia por seguir adelante, sin importar las dificultades. Sin embargo, algunas dificultades son imposible de sobrellevar sino existe comprensión y flexibilidad institucional. Una persona puede haber aprendido la lección y estar preparado ya para emprender con éxito, sin embargo, si necesita crédito y nadie se lo facilita es imposible poder lograrlo. Desgraciadamente, no todos los emprendedores tienen una entrono cercano solvente de cara a poderles ayudar a poner en marcha su nuevo negocio.

Cuando uno cae, requiere un tiempo para asumirlo y darse cuenta que eso le puede ocurrir a cualquiera. En España estamos demasiado acostumbrados a la estabilidad y a la seguridad, sin embargo, en la inestabilidad económica actual debemos evolucionar y adaptarnos a las nuevas circunstancias cambiantes que cada vez van a imperar más. Y con esto no quiero decir que todas las personas que se encuentren desempleadas deban de ver en el autoempleo su futuro porque el montarse un negocio requiere pensarlo, tener en cuenta muchas cosas y trabajar diversas fases antes de ponerlo e marcha.

Sí que deben producirse unos cambios sociales para que estemos mentalmente preparados para ver los fracasos como parte del juego del emprendedor que le da más recorrido. No podemos premiar los fracasos pero tampoco pueden dejarle a quien los tiene marcado de por vida porque todos tenemos derecho a segundas oportunidades en cualquier faceta de nuestras vidas. No olvidemos que todos hemos comenzado por primera vez en algo y no lo recordaremos como la mejor ocasión en que lo realizamos y, sin embargo, nadie nos cerró las puertas.

¿Qué entendéis por fracaso?

Autor: Juan Martinez de Salinas

Unos ejemplos de diferencias de opiniones y tolerancia

Hace unos dias publique un post sobre la tolerancia. He visto recientemente estas anecdotas o historia sy creo que seria bueno que os las dejases, como representacion de que la pluralidad de opiniones y la tolerancia de las mismas implica el hecho de que todas ellas deben de ser respetadas, porque una misma realidad puede poseer diferentes verdades.

La realidad es percibida de distinta manera por diferentes observadores en función de su perspectiva, pero incluso siendo esta la misma, las conclusiones pueden ser distintas, porque además de la perspectivas nuestras opiniones están influidas por el aprendizaje, las creencias y nuestra exeriencia en la vida. Valores y creencias tienen un peso muy grande y ante una misma situación, diferentes personas pueden hacer muy distintas valoraciones.

Observar la siguiente historia, ejemplo de diversas perspectivas de una misma realidad :

«Una mujer joven y guapa, Alíce, cuyo marido no le dedica mucho tiempo, pues viaja bastante, tiene un amante. Una noche ella la pasa con su amante y cuando al amanecer vuelve a casa, tiene que pasar un puente donde encuentra un loco en actitud amenazante. Retrocede y va a ver a un barquero para que le cruce el río, pero este le pide dinero por adelantado; al carecer de él va a ver de nuevo al amante, le explica lo que ocurre y le pide el dinero para pagar al barquero, pero el amante se lo niega sin dar explicaciones. Va a ver a un amigo, que ha estado enamorado platónicamente de ella, y le cuenta todo sobre su marido, el amante el barquero y el loco, pero su amigo también le niega el dinero, a pesar de que ella le cuenta que se ha portado mal con él. Sin saber ya qué hacer, retrocede sobre sus pasos y decide afrontar el peligro. Pasa el puente y el loco la mata».

Ahora, de todos los personajes que intervienen en la historia, trata de establecer un orden de culpabilidad, dándole el número 1 al más responsable y el 6 al menos responsable.

Independientemente de la valoración que hagas de la historia, otra persona puede tener, y de hecho tendrá, una valoración diferente a la tuya, por lo que dará a los responsables un orden distinto al que tú acabas de dar, proporcionándote, además de forma convencida, sus argumentos de por qué lo entiende así.

Haz una prueba con un grupo de amigos, cuéntales la historia de Alice y verás cómo las opiniones varían, aportando cada uno «sus razones» de quién es el más y el menos culpable del desenlace.

En esta segunda historia veremos un ejemplo claro de la diversidad de opiniones de un mismo problema y un comportamiento como funciona la tolerancia:

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