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¿CUÁNTAS VECES HABÉIS REPRIMIDO VUESTROS SENTIMIENTOS?

Todo el mundo pretende a loFotos 2012 2053 largo de la vida ser feliz y aun mucha gente asocia ésta a lo material. Qué duda cabe que tener dinero ayuda pero está comprobado que no da la felicidad, porque muchas personas con dinero tienen todo lo que quieren, pero al mismo tiempo, suelen ser inmensamente infelices.

La felicidad es un estado interno que se debe cuidar y mantener. Todo comienza por saber valorar lo realmente importante en nuestras vidas. Va bien hacer una reflexión interna sobre cómo nos sentimos y qué nos produce esos sentimientos. Es un buen punto de partida.

La felicidad es aprender a disfrutar de los pequeños/grandes momentos que ocurren a lo largo de la vida. Debemos saber alegrarnos del proceso y no solo del momento en que conseguimos algo.

Estar feliz conlleva sentirnos en paz con nosotros mismos y no tiene nada que ver con lo que poseemos o tenemos. En los países desarrollados, se asocia la felicidad a lo que tenemos y parece que cuanto más tenemos más felices debemos ser. Sin embargo, la felicidad no se consigue con una regla de tres exacta porque es algo inmaterial. Tenemos personas que viven con pocos o escasos bienes materiales y son muy felices porque aprecian quiénes son, con quiénes viven y lo poco que tienen. Dan más importancia al hecho de vivir que a las cosas que tienen para vivir.

La felicidad es un estado interno que se transmite de manera externa por como nos comportamos y actuamos. Las muestras de afecto y cariño suelen producir una felicidad inmensa. Sin embargo, los seres humanos somos poco tendentes a demostrar nuestro afecto a las personas que se lo tenemos. Como que se de por hecho y estas cosas deben manifestarse abiertamente. A todo el mundo nos gusta oír que nos quieren y que somos importantes para los demás. El tema es que si lo que remos oír también debemos decirlo.

No debemos olvidar que las posesiones nunca nos harán felices porque siempre queremos más cosas y cuando tenemos algo nos acostumbramos a ello y no se tiende a valorar hasta que se pierde. La felicidad asociada a las cosas está vinculada a poderlas disfrutar con los demás.

También debemos asumir que a lo largo de nuestra vida tendremos buenos y malos momentos y debemos saber convivir con eso. La vida es una montaña rusa de subidas y bajadas. La felicidad por el contrario puede estar en el proceso de esas subidas o bajadas de nuestra vida.

Va bien platearse y responderse a uno mismo las siguientes preguntas ¿Cuál ha sido el momento más feliz de vuestra vida y cuáles eran vuestras circunstancias materiales en ese momento? ¿Qué os hace ser felices? ¿Cómo os sentís en la actualidad? ¿Tendéis a manifestar vuestros sentimientos?

Las personas vivimos en una sociedad acostumbrada a reprimirnos nuestras emociones positivas y negativas porque se asocia a la vulnerabilidad por mostrar como estamos. El manifestar como estamos va muy bien para desahogarnos. Está claro que no vale cualquier persona para poderles abrir nuestra emociones, aunque tenemos que comenzar a compartir como nos sentimos con nuestros entornos.  ¿Cuando fue la ultima vez que les dijisteis a las personas más cercanas a vosotros que las queríais y que eran importantes para vosotros? Igualmente va bien plantearse si las personas realmente sabéis como os sentís o si vosotros sabéis como se sienten los demás. Se suele dar por hecho que las personas que tienen su vida organizada son felices. No podemos dar por hecho la felicidad de los demás si no la manifiestan abiertamente.

A veces las personas que menos lo aparentan son las más infelices del mundo. Otras personas, por el contrario, que están pasando duros momentos y que abiertamente transmiten como se sienten están plenamente felices a nivel de emociones.

Es muy habitual, sobre todo en el sexo masculino, asociar el llorar a debilidad y muchos hombres, cuando lloran se esconden o se excusan en que se les ha metido algo en los ojos. No pasa nada por llorar porque es un sentimiento y debemos permitir que se exprese y salga lo que llevamos dentro en cada momento. Nuestra vida debe canalizar los estados por los que pasa.

¿Cuántas veces habéis reprimido vuestros sentimientos y por qué?

Autor: Juan Martinez de Salinas

El perfil envidioso y retorcido en la empresa

El ambiente laboral, como ya he comentado en alguna ocasión, es algo para llevar a estudio en cada organización porque se trata de una jungla con los especímenes más diversos que uno pueda encontrar. De hecho, cuando uno ya cree tener catalogados a todos, aparece una nueva especia que, además, no está, por desgracia, en peligro de extinción.

Hoy quiero abordar en este post, el perfil de las personas que van de amorosas con todo el mundo y, cuando uno se descuida, recibe múltiples puñaladas en la espalda, de esas que no duelen en el sentido físico, pero que le hacen a uno ponerse de mal genio.

Son personas que se mueven como pez en el agua en aquellas compañías en las que, a la cara, todos se llevan fenomenal y luego, unos con otros, no se pueden ni ver.

Estas personas van haciendo la ronda por todas las personas de su compañía para ver qué es lo nuevo que pueden cotillear y a quien puede “pelar” para, más tarde, irse a otro y hacer lo mismo con el que antes era su amigo.

Una variedad de este espécimen son las personas que te comentan algo de otras personas, que muchas veces uno no sabe quienes son y lo hacen simplemente para que lo sepas pero, qué casualidad. Nunca son buenas palabras lo que te dicen de ellas y, por supuesto, lo hacen por vuestro “bien”, sin intentar influenciaros negativamente.

Obviamente, para ese tipo de personas, su blanco preferido son las personas que sobresalen o hacen su trabajo de forma excelente. La envidia suele ser el motivo, bien, por que ellas no sean capaces de hacerlo (pese a que se les llena la boca contando sus grandezas y batallas de lo que hicieron… si es que lo hicieron, claro) o bien porque nadie les ha dado una oportunidad por no haber demostrado interés en hacerlo.

Lo mejor es intentar ignorarles, teniendo el trato justo y necesario con ellos, sin entrar “al trapo”, para evitar caer en sus redes. Lo peor es abrirte a esas personas porque les va a faltar tiempo para contarlo con todo lujo de detalles, independientemente de que tú se los dieses.

Estas personas dicen ser las que más trabajo tienen y cuando alguien solicita ayuda, no dudan en tener la mano levantada antes de que los demás os podáis ofrecer. Como buenos envidiosos, si los demás tienen más carga de trabajo que el no existirá para ellos ningún problema, sin embargo, como aprecie él que es al revés, ya os podéis preparar porque, queráis o no, el dedo acusador caerá rotundamente sobre vosotros. La paciencia es poco para aguantar a ese tipo de personas inconformistas con nada ni nadie. 

Por supuesto, intentar hablar con ellos es la peor solución porque, al verse descubiertos, van a ir a degüello para dejaros a vosotros en mal lugar. Lo mejor es estar en alerta con ellos y tener claro que, hagas lo que hagas, vas a ser fruto de su juego. Por ello, debes jugar como mejor te interese en cada momento para acercarte a lo que más te interese.

Estas personas lo que más odian es las personas que no se posicionan en los dimes y dirites que rondan por la empresa y que se dedican a trabajar.

Supongo que en tu empresa, tendrás alguien así… ¿Me he dejado algo en el tintero?

 

Autor: Juan Martinez de Salinas

La ‘envidia’ y el ‘management’: ¿Y por qué a mi no…?

Desde que el mundo es mundo, la envidia ha sido uno de lo peores pecados capitales, no sólo por lo que ella representa sino por las consecuencias y actuaciones que van aparejadas a quien padece esta ‘llamémosle enfermedad’ (aunque realmente no es tal).

Cuando este sentimiento se da dentro de una organización, no digamos ya la complejidad de las relaciones interpersonales que se pueden dar.

Nunca he sido de los que dicen, y por lo tanto de los que tampoco entienden, aquello de que se puede tener ‘envidia sana’ y ‘envidia malsana’. Digo yo que es algo que no admite término medio, o se tiene envidia o no se tiene. Lo que si puede haber son diferentes formas de aceptarla por los miembros de las organizaciones.

Dentro de una organización hay que tener en cuenta que muchas veces se confunden los términos y es algo que hasta ahora el management no ha atacado en profundidad.

Por ejemplo, una persona prospera dentro de la organización sin haber realizado méritos suficientes para ello, mientras que otra, que si los a hecho no tiene reconocimiento. ¿Tendrá envidia? ¿Tendrá despecho? O sencillamente ¿tendrá una sensación desmotivadora de falta de reconocimiento? Read more