EL goce de las pequeñas cosas ( la atención )

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Debiéramos ser como los niños, porque ellos saben perfectamente como disfrutar cada momento.

Pero claro eso no es posible, nos diremos, tenemos obligaciones que los niños no tienen. Hay que trabajar y cubrir nuestras responsabilidades como adultos. ¿ Pero acaso impide eso que disfrutemos de las pequeñas cosas?

Un lugar para cada cosa y cada cosa en su momento, puede ser la reflexión más encaminada para hacernos felices. De todas las actividades se pueden sacar consecuencias positivas y agradables si buscamos bien. Y para ello hay una cosa que se torna fundamental: atención.

Una buena forma de desarrollar la atención es habituarnos a su uso. Una vez que nos habituamos a estar atentos lo convertimos en una rutina automática y aquello que antes se hacía difícil se vuelve simple al convertirse en hábito.

Y no olvidemos la necesidad de dirigir la atención hacia uno mismo, porque el interior también es importante. Tener conciencia de sí mismo permite percibir lo que en cada momento hacemos y si nos resulta o no agradable, permite discernir entre las cosas que merecen y las que no merecen la pena y de esa manera podemos hacernos una idea clara de hacia donde vamos en cada momento, sabiendo que allí donde nos dirigimos es precisamente el lugar al que queremos realmente ir. Se trata simplemente de constituirse en los dueños de nuestro propio destino, en lugar de ir a la deriva.