La absurda relación entre empleados y jefes

La absurda relación entre empleados y jefes

No seré el primero que lo diga, pero lo voy a decir igualmente: La relación entre empleados y la dirección de la empresa es totalmente absurda. La dirección ve a los empleados como unos vagos desagradecidos que intentan engañarlos continuamente y que rinden lo mínimo y necesario para evitar el despido. Mientras, los empleados ven a sus jefes como unos explotadores sin alma que son capaces de cualquier cosa con tal de aumentar ligeramente sus beneficios. Obviamente esto no es casual, y esta relación tóxica tiene su explicación lógica (que no vamos a tratar aquí porque daría para otro artículo).

Pero aunque tradicionalmente esta relación casi siempre ha sido así, debe cambiar drásticamente ya que esto no lleva a ningún sitio, ni para la empresa, ni para los empleados.

Problemas para la dirección

El principal problema que esta relación nociva provoca a la dirección es que la empresa necesita destinar el doble de recursos para alcanzar los objetivos. El precio de la desmotivación es altísimo, un empleado desmotivado aporta la mitad del valor del que aportaría un empleado motivado. Si nos centramos en el ROI (Retorno de la Inversión) de los salarios de los empleados, el ROI de un empleado desmotivado es del 60% (es decir, la empresa no recupera la inversión) mientras que el ROI de un empleado motivado es del 120% (es decir, no solo recupera la inversión, sino que el empleado está contento y además aporta más a la organización de lo que esta le paga).

Y ojalá la desmotivación fuera el único de los problemas: cuando los empleados no están felices en el entorno de trabajo sube la tasa de rotación (y en serio, la rotación sale muy cara a la organización, muy, muy cara) y daña la imagen de la empresa, porque seamos realistas, un empleado que no está contento no va a hablar maravillas de tu organización, todo lo contrario. Y dará igual el presupuesto que tengas destinado a marketing y comunicación, porque gracias a Internet ahora todo se sabe, y un testimonio real de un empleado tendrá mucho más peso que cualquier acción publicitaria (la publicidad ya no engaña a nadie, parece mentira que no lo sepamos).

Pero vamos a verlo por el lado contrario: si nos preocupamos por tener una plantilla feliz y motivada la productividad aumentará, dejaremos de perder dinero, y los propios empleados harán una comunicación positiva y prescribirán a futuros clientes.

Problemas para el empleado

Una de las actitudes comunes de un empleado desmotivado e infeliz en su puesto de trabajo es de evitar que su jefe consiga grandes éxitos. Este empleado dejará de hacer un trabajo excelente o dejará pasar grandes oportunidades con el único objetivo de sabotear a sus superiores. Lo que el empleado a veces no se da cuenta es que con esta actitud está saboteando también a la organización que le da de comer. Es decir, que a la larga este tipo de sabotajes pueden provocar que la empresa eche el cierre y este empleado se vea en la calle. El crecimiento de una empresa es bueno para un empleado ya que se le abren muchísimas posibilidades.

Pero lo peor es no sabotear a la dirección, sino sabotearte a ti mismo. Dejar de perseguir la excelencia es dejar de crecer como profesional, porque la única forma de crecer es enfrentarse continuamente a nuevos retos y estar continuamente superándonos a nosotros mismos. Según la psicología positiva, una de las claves de nuestra felicidad es el sentimiento de progresión, ser conscientes de que estamos progresando y creciendo en determinados aspectos de nuestra vida, como el crecimiento profesional. Cumplir objetivos y subir de nivel nos hace felices (por esta razón nos encantan los videojuegos y por esto la gamificación en la empresa es tan eficaz). Como dice Sonja Lyubomirsky, hemos sido condicionados a pensar que las cosas erróneas nos harán felices, como por ejemplo cobrando mucho dinero a cambio del menor esfuerzo posible. No estar satisfecho con el trabajo realizado, sea para fastidiar al jefe o no, no beneficia a nadie.

Seamos un equipo

La moraleja de todo esto es que si tanto la dirección como los empleados se cuidan mutuamente y ambas partes buscan lo mejor para los demás, todos salimos ganando. Pasamos más horas en el trabajo que en nuestras casas. ¿Qué sentido tiene convertir el trabajo en un territorio hostil? Trabajemos como un equipo, porque no hay nada que un equipo unido no pueda lograr.

 

Un artículo en colaboración con Jaime Grau, Co-Founder, CMO & Game Designer de beprisma.com

5 comments

  1. Deberíamos mentalizarnos todos de que la relación laboral es simbiótica, y que si una parte pierde la otra también, aunque bien es verdad que existen todavía casos de explotación extrema que impiden reflexionar mediante este prisma sobre esas situaciones.

    • Llevas razón en todo amigo Juan. Yo siempre lo he visto como las dos caras de una moneda. Si la moneda se pierde o gasta, pierden los dos, pero si la menda permite comprar algo de valor, se benefician los dos lados. Nunca pueden ir en sentido opuestos los intereses de las dos partes 🙂

  2. Es importante que los empleados tengan una buena comunicación con los jefes sin abusar, ya cuando la línea del respeto y la confianza se pasa, todo esta perdido.

    Johanna

  3. MODESTO ROMERO SANCHEZ dice:

    Ese estímulo económico moral( osea cash) esencial, tiempo atras, hoy la actualidad es ese divorcio absurdo del empresari@ a veces engañado por su subalterno inmediato o presiones del sector, entre otras ineficaces causas.

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