Fases en la estrategia de SEO (#infografia)

Tocamos hoy un tema del que hemos hablado en diferentes ocasiones como es el SEO y su importancia, tanto en los contenidos de la web o site de una empresa como el utilizado en las redes sociales.

Cierto es que el SEO no es ciencia exacta y que por eso existen mucho oscurantismo que lo rodea y creencias falsas. Pero nadie se atreve a decir que el SEO no es algo que se tenga que dejar a la ligera. Todos reconocen que es algo capital en cualquier estrategia de negocios en las redes sociales.

Factores clave para la elección del nombre de tu negocio 2.0

Hoy me surge esta idea que os comento porque recientemente he tenido un cliente con este problema y es algo que la gente no quiere comprender hasta que el problema lo tienen encima y ya poca solución tiene.

Muchos factores entran en una marca y en como se genera su marca online y reputación 2.0. El primero entre todos ellos es el de la elección del nombre idóneo para el negocio. Muchos aspirantes a empresarios y nuevas empresas de Internet creen que debe de ser esta busqueda algo fundamental si lo que quieres es conseguir la optimización en los motores de búsqueda de tu negocio. Y tienen toda la razón.

Un cliente el otro día con diferentes empresas en el mundo 1.0, me dijo que una de sus tiendas que en el 1.0 le funcionaba de maravilla, lllevaba 6 meses online y no había vendido nada de nada. Lo primero que hice fue meter el nombre de la web (tienda online) en los buscadores. Tristsemente como ejemplo en Google, no aparecía nada de su tienda en las 5 primeras páginas con la ‘búsqueda’ del nombre de la tienda. ¿Cómo vas a querer vender?

El peso de lo malo (con encuesta)

Siempre me ha encantado oir aquello de que cada uno de nosotros somos la suma de unas circunstancias que han conformado nuestra personalidad y nos han definido como un todo. Pero no estoy del todo de acuerdo con esta forma de definir lo que somos cada uno. Y todo debibo al peso de lo malo.

¿Alguno de vosotros tenía una relación amistosa con alguien al que consideraba una ‘buena persona’, un amigo, y por una determinada cosa que ocurrió una vez, ‘lo cruzásteis’ y cambió por completo vuestra concepción de esa persona?

Y es que la valoración que los humanos hacemos de lo negativo es mucho más pesada (le damos más importancia) que ha todo lo bueno que una persona nos haya aportado hasta el momento, con lo cual, si una persona hablando en porcentajes, en un 99% de las veces la he considerado amiga, cuando hace el 1% negativo, ¿por qué ‘la cruzo para siempre’? ¿No habíamos quedado que cualquiera de nosotros somos una suma de circunstancias? Digo yo que 99 cosas positivas y 1 negativa, deja a la persona en buen lugar y eso no ocurre.

Lo malo marca a una persona de forma más intensa que lo bueno, es más, de lo maol nos solemos acordar más y de forma más intensa que de lo bueno.

La importancia de las cosas y los puntos de vista

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Creo que cada uno se conoce bastante bien, por lo cual sabría decir cual es su escala de valores, necesidades o de deseos. Pero debemos de saber que no todos consideramos las mismas cosas por igual . Por este motivo creo que es conveniente siempre, y dentro de las relaciones humanas y de las organizaciones más aún, que todos sepan en cada momento que es lo que quieren, desean y si fuese posible, puedan alcanzar.

Exige esto de un proceso de autoreflexión y de priorización de las cosas. Espero que con la siguiente historia os quede claro:

Una persona cualquiera recibe cierto día una llamada anónima, y le comenta que a diario, cuando se va a trabajar, su esposa lo engaña con otro de nombre Alberto.

Al día siguiente, sale para el trabajo, pero al doblar la esquina se esconde y observa. Poco tiempo después, ve llegar a un hombre en un Mercedes deportivo último modelo. Alto, fuerte, atlético, aristocrático, con ropa de deseñador italiano de renombre. Baja con un ramo de flores y pulsa el timbre de su casa.
Ve que su mujer abre la puerta y le deja pasar. El marido apresura su vuelta y entra e su casa sin hacer ruido, y llega a la puerta del dormitorio que está entreabierta.

La importancia de las cosas

LA IMPORTANCIA DE LAS COSAS

El mundo en que vivimos no es justo. La falta de justicia es algo que cuesta poco observar si nos detenemos y miramos a nuestro alrededor: guerras donde mueren miles de inocentes, niños a quienes el hambre deforma horriblemente sus peque­ños cuerpos, asesinatos en nombre de no se sabe qué dioses… Además de esta falta de justicia, los seremos humanos compli­camos aún más las cosas y nos dedicamos a perder el tiempo en luchas fratricidas que no llevan a ninguna parte, salvo a hacer más difícil la convivencia.

Posiblemente el mundo en que vivimos no es el mejor mundo de los posibles; seguro que seríamos capaces de imaginar uno mejor. Frente a pequeños momentos de relativa felicidad apa­rece más pronto o más tarde la miseria humana en toda su cabeza: la enfermedad, la pobreza, la tristeza, el terror, la muerte. Pero es el mundo que tenemos y de nosotros depende mejo­rarlo en la medida de nuestras posibilidades.

Quizá debiéramos detenernos por unos instantes y analizar cuidadosamente nuestras vidas. Descubriríamos entonces todas aquellas cosas a las que damos una desmesurada importancia y que en realidad no la tienen. Nos haríamos conscientes de nues­tra humana tendencia. a magnificar lo que nos ocurre y tal vez nos preguntaríamos: ¿¡Hay motivos!? Cerraríamos entonces los ojos y veríamos en nuestra mente ese problema que nos quita el sueño, y al abrirlos de nuevo resultaría que no es tan grave, que en realidad ni siquiera es un problema. ¡Qué paradoja!

La relatividad de las cosas zumba constantemente a nuestro alrededor, pero no nos damos cuenta; estamos tan concentra­dos viviendo nuestras vidas y pensando en lo graves que son nuestros problemas, que no percibimos que las cosas pueden ser mucho más sencillas, que somos nosotros quienes las com­plicamos.

Puede parecernos importante no tener dinero para salir de vacaciones, pero es más importante quedarse sin trabajo y que entonces falte el dinero para comer, y aún es más importante si a esto último añadimos la presencia de una enfermedad incura­ble. Y así hasta el infinito: siempre habrá una cosa más impor­tante que otra.

Recordemos que todo es relativo, que en la vida las cosas solo son importantes porque nosotros pensamos que lo son, pero no porque necesariamente lo sean. No malgastemos nuestro precioso tiempo en «rumiaciones» inútiles sobre todas nuestras desdichas y dediquémonos a vivir, a disfrutar de cada momen­to presente procurando encarar nuestra efímera existencia con el mejor talante posible. Muchas veces se es más feliz con menos que con más, con menos dinero pero con más disposición para disfrutar con las personas que queremos, con menos trabajo pero con más tiempo para dedicado a las cosas que nos gustan.

La verdad es que el tiempo pasa tremendamente deprisa y cabe que, llegado un momento, echemos la vista atrás y nos pre­guntemos qué hemos estado haciendo con nuestras vidas.

UNA HISTORIA ZEN

La relatividad de la importancia de las cosas es evidente si las analizamos con detenimiento. Cualquier cosa que nos parezca muy importante deja de serlo cuando aparece otra que lo es más todavía, pasando esta al primer puesto en nuestra escala de impor­tancia y relegando a aquella a un lugar posterior; y si se presenta una nueva todavía más relevante, veremos cómo la primera, a la que al comienzo dábamos tanta pompa, resulta ser algo anec­dótico comparado con lo que ahora nos ocurre; y así sucesiva­mente, siempre hay algo más importante.

La gravedad de los problemas es subjetiva. La importancia de las cosas es relativa y solo tiene una magnitud: la que nos­otros decidimos.

Veamos un pequeño cuento que nos ilustra al respecto. Se trata de una historia enmarcada en las enseñanzas del zen, escuela budista desarrollada en China y que más tarde tuvo en Japón una gran implantación. El zen aúna en sus enseñanzas reli­gión y filosofía, da una importancia fundamental a la práctica de la meditación y cuenta con muchos adeptos en la actualidad.

– El gato y el samurai ­

En cierta ocasión, un feroz samurai decidió tomarse un des­canso después de una batalla y se marchó a un río cercano con intención de pescar, algo que siempre le había gustado hacer.

Estaba pescando en el río cuando sintió un fuerte tirón en su caña, recogió el hilo y sacó un hermoso pez del agua. Nada más desengancharlo del anzuelo, apareció un gato y dando un salto atrapó al pez entre los dientes y escapó corriendo.

Solo había dado el gato unos pasos cuando el samurai rápi­do como el viento, sacó su espada y dando un golpe al gato le cortó la cabeza. Entonces el samurai se sintió muy triste y acon­gojado por haber segado una vida, sintiendo terribles remordi­mientos por haber matado al pequeño animal, que tenía tanto derecho como él para continuar viviendo.

Empezó a oír maullar al gato en todos los lugares, atormen­tándole. En sus sueños aparecía el gato maullando y el samurai se despertaba angustiado; cuando estaba- con otros samurais oía los maullidos; cuando entraba o salía de su casa los continuaba oyendo. No podía sacar el gato y sus maullidos de su cabeza y cada vez se sentía peor, así que fue a un templo cercano a pedir consejo a un viejo monje a quien todos consideraban un gran maestro.

El samurai contó al monje lo que había ocurrido con el gato y le dijo que los maullidos no le dejaban vivir; el monje le amo­nestó por lo que había hecho, diciéndole que ya que había qui­tado una vida debía pagar con la suya para que la deuda que­dase saldada. El samurai, que era un hombre de honor, aceptólo que el monje le dijo y se preparó para morir. Se dispuso enton­ces a hacerse el harakiri y sacando el cuchillo lo apuntó contra su vientre.

Aunque el samurai era un hombre muy valiente, pensar que estaba a punto de morir le dio cierto miedo, pero escuchó enton­ces al monje que le preguntó si estaba preparado; superando su miedo contestó que sí lo estaba y en el momento en que iba a clavarse el cuchillo el monje le preguntó: «¿ Oyes ahora los mau­llidos?» El samurai contestó que ya no los oía. Dijo entonces el monje que como los maullidos habían desaparecido no había necesidad de que muriese. El samurai aprendió la lección, se levantó y saludando al monje se marchó.

En presencia de la muerte, ¿hay algo que tenga más impor­tancia?